Cine

«American Pie: el reencuentro» o la maldición de Los Serrano

Por 12 de septiembre de 2012 agosto 3rd, 2020
Como muchos de vosotros sabréis, no hace muchos años la serie de TV más exitosa del territorio español era Los Serrano. Una suerte de sátira de la España de barrio y clase media que se reía de nuestro catetismo y lo cerca que seguimos estando de Paco Martínez Soria años después de sobrepasar la transición. A este argumento principal se le añadían un par de subtramas: una romántica, para captar al público adolescente, y otra social, cambiante en cada capítulo para lograr atención de diferentes sectores.
En las primeras temporadas la serie alcanzó grandes cotas de audiencia basándose, sobre todo, en la «brutalidad» y ausencia de sensibilidad del trío castizo protagonista (Resines/Bonilla/Molero) y en la relación amorosa de los «preuniversitarios» Fran Perea y Verónica Sánchez (hasta el gran Jimmy Barnatán hacía de las suyas por ahí). Pero curiosamente la ambición de los guionistas o de los productores hizo que las historias secundarias girasen hacia el drama, los jóvenes protagonistas se hicieron mayores y la serie perdió su atractivo principal pese a la continuidad de las andanzas de los dueños de la Taberna Serrano y el gran Fiti.
Pues ésto, a grandes rasgos, es lo que le pasa a la saga cinematográfica American Pie. Herederos directos de aquellos legendarios Porky’s la primera película hizo las delicias de los gamberros con nostalgia del instituto. La pequeña moraleja final compensaba la cantidad de gags y escenas subidas de tono, escatológicas y de dudoso gusto para el público mayor de cincuenta años pero extremadamente graciosas para el resto y los que mantienen un sentido del humor a prueba de bomba. Según comenzó a avanzar la serie, las historias amorosas, desengaños, desconfianzas y malentendidos fueron chirriando cada vez más acompañadas de los desmanes sexuales y traviesos de los protagonistas de las cintas. Hasta llegar a este «reencuentro», en el que vuelve el reparto original y poco se puede salvar excepto algunos momentos del inclasificable Stiffler  (Seann William Scott) y de Eugene Levy como el padre de Jim. Los momentos de perdón ante algún engaño o de reconciliación ya sea de amistad o pareja resultan tan lamentables que dan ganas de taparse la cara con un cojín del sofá – yo lo hago, no sientan vergüenza. Eso déjenselo a los guionistas de semejante paja mental hecha sin ganas ni un mínimo de intención-.
Y así, una travesura bastante graciosa que comenzó hará unos 15 años con la primera entrega, termina convertida en un pseudo producto palomitero digno de ser consumido en dvd una tarde de resaca dominguera. No más. Fagocitado por su propio éxito, método y por querer tomarse demasiado en serio a sí mismo. Igual que les pasó a los entrañables Serrano.
PD: por eso triunfa La que se avecina. porque no hay trampa ni cartón: barbaridad tras barbaridad y sin un ápice de seriedad en ningún resquicio del guión. 
Doctor Brown

Doctor Brown

Iba para inventor en los 50. Me quedé en el intento de escribir algo interesante. Vive y no dejes morir... de aburrimiento.

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