Cine

JOBS nunca lo hubiera permitido

Por 23 de septiembre de 2013 agosto 3rd, 2020

Imaginen que quieren hacer una película narrando la vida y milagros de una de las mayores personalidades humanas de los últimos veinte años. No, no es un médico. Ni un político. Es una persona que ha cambiado nuestra manera de hacer las cosas más triviales: escuchar música, llamar por teléfono… Ahora imaginen que no disponen ni de los medios ni del talento necesarios para hacerlo. Con medios me refiero a la capacidad de sintetizar en dos horas esa vida y milagros de los que hablaba anteriormente. Comprimir eso en una historia hilada, sugerente, interesante… Imaginen que el mayor gancho para lograr que el proyecto salga a la luz es el nombre de la persona en la que se basa el film. Y sumen a eso un actor protagonista famoso pero no caracterizado popularmente por sus dotes artísticas.

El resultado de lo que acabo de contar es JOBS. Una narración deslavazada sobre un hombre con ideas que han influido directamente sobre el modo de vida de la mayoría de la humanidad menor de sesenta años. Su director debió pensar: «diablos, tengo un personaje con mucha más fama y preponderancia que Mark Zuckerberg. Y si «La red social», la peli sobre la vida del creador de Facebook, fue un éxito, a poco que lo haga parecido…».
Pero no. El director de este batiburrillo no es David Fincher. Y el escritor de este guión no es Aaron Sorkin. Por no intentar ni siquiera han puesto empeño en copiarlos. El verdadero Steve Jobs no dudaría en fulminar a los responsables de esta película por cutres, por incompetentes y por aficionados. Y no me vale decir que quizá el material no era suficientemente bueno. Los que pergeñaron el film sobre la «construcción» de Facebook lo hicieron con dos actores desconocidos y un cantante (y buen actor, por qué no decirlo si Timberlake lo es). Y una buena campaña de publicidad. Y con una idea bien organizada. En JOBS todo se basa en descubrir la vida del inventor del IPod, del IPhone y el señor que hizo el discurso motivador de Stanford. Y viendo la cinta no se logra.
Sinceramente acudí a la película con prejuicios. Y salí de ella con certezas. Hay momentos (ni tres ni cuatro) en los que no sabes la causa de que ocurran ciertas cosas o por qué ciertos personajes aparecen y no se vuelve a saber de ellos (Jobs y la universidad, el viaje a la India, su pareja, su hija… Y, ¿cuánto ha cobrado James Woods por esa «aparición estelar»?). Hay secuencias en las que, por no querer caer en el biopic edulcorado de las 15:30h en Antena 3 (que cae) intentan crear un aura de malvado alrededor de Jobs. Quizá lo fuera, pero la personalidad de un rol se debe crear a lo largo de la narración (o así lo entiendo yo). El personaje principal pasa por estados límite sin explicación alguna, la relación con sus iguales nunca es profunda, no sabes quiénes son sus amigos, su gente de confianza o confidentes…
Por último tenemos a Ashton Kutcher haciendo de Ashton Kutcher. Tomen el catálogo de muecas de este caballero en «El efecto mariposa», un film bastante interesante y trasládenlo a este. ¿Ya lo han visto? ¿A que no cuela que haga esos gestitos cuando has visto dos o tres pelis suyas? ¿A que son los mismos? Lo único que puede decir que ha aportado a su personaje es esa manera de andar. Puede que fuera la del fundador de la empresa de Cupertino. Si eso se puede considerar un mérito: enhorabuena Ashton (por eso y por haber tenido durmiendo al lado a Demi Moore, eso sí que es un puntazo).
Parece que al final, el objetivo de la peli, como se ve en los títulos de crédito finales (no es un spoiler, tranquilos) es que los actores estén caracterizados como las personas reales que participaron de esta historia. En serio, si el difunto Jobs hubiera visto esta película hubiera montado en cólera de verdad, hubiese exigido empezar de nuevo con guión y actores y, sobre todo, se hubiese negado a copiar. Porque copiar, no entra en el vocabulario de Apple. Es lo único que después de ver este bodrio saco en conclusión. Aplíquense el cuento señores de Hollywood.
Doctor Brown

Doctor Brown

Iba para inventor en los 50. Me quedé en el intento de escribir algo interesante. Vive y no dejes morir... de aburrimiento.

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