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Las garras de Vega

Por 24 de octubre de 2013 agosto 6th, 2020 One Comment
Decía el filósofo Hobbes, basado en la tesis de Plauto, que «el hombre es un lobo para el hombre». En esta sentencia resume sus teorías sobre lo peligroso que es el hombre como animal: no tiene armas mortíferas pero posee la inteligencia para crearlas. 
Quizá sea un comienzo demasiado profundo para dar una opinión sobre un disco pero quería destacar estas palabras para explicar,a  mi juicio, lo que Vega ha hecho consigo mismo en este «Wolverines«. Tras escucharlo varias veces tengo la certeza de haber sentido que sacaba sus garras más afiladas, se las clavaba en lo más profundo de su vientre y tiraba de su piel mostrándonos lo que ocultaba.
¿Qué es?, os preguntaréis. Pues dicho de manera algo basta: sus tripas. Eso que los artistas suelen envolver en papel brillante y con lazos escondiéndolo bajo sinsabores amorosos y roces rutinarios, bajo mensajes morales que apenas se creen. Mercedes Migel nos ha enseñado su cara de las nueve de la mañana. La que no lleva maquillaje y está despeinada. Es su manera de decir a una industria caduca y enferma: jugaremos, pero a mi manera. 
Esa «manera» es contar historias de manera áspera y sin filtros. Crudo y auténtico, aunque duela. Y eso se traduce en un disco difícil de digerir. Y más si vienes de soplos de aire fresco tan valiosos como «Metamorfosis» y «La cuenta atrás». Desde los ritmos elegidos para sujetar las canciones hasta la manera de interpretarlas. «El funeral» y «Febrero» son algunas de las canciones que caen en una habitación oscura con una luz muy tenue en la que Vega narra sus letras con una presencia distinguible… pero no distinguida. Porque no lo pretende. «Que no te pese» o «No lo quise hacer» son revoltosas pero sin sonrisas… o puede que sean muecas irónicas. «Treinta y tantos» nos toca de cerca a muchos. Y «Martes»… Debo detenerme en «Martes». Porque es la pieza que no pinta nada en este disco. La excepción que confirma la regla. Porque es una canción que, en otra época, en otro momento, en otra cultura crecería hasta ser muy grande. Y sí, lo dice un tío muy tío. Pero amigos, es un pedazo de tema con corazón que, al contrario de lo habitual, no está roto. 
Y así camina el 90% del álbum (que, por cierto, tiene un cuidadísimo diseño, cosa rara a estas alturas de la película). Insisto: no es sencillo de principio, pero una vez le das el tiempo pertinente te encuentras a ti mismo tarareando partes y frases de muchos de los cortes de este «Wolverines».
El hombre será peligroso para sí mismo, como un lobo, porque sabe dónde atacarse para hacer daño. Aunque ese daño puede ser simplemente una terapia, un canto de sinceridad desagradable cuando se está cruzando, pero revelador una vez traspasado. Eso es lo que han hecho las garras de Vega por ella misma.
PD: os parecerá curioso que no hable del single, el «Wolverines» que da nombre al disco. Es una simple cuestión de gustos. Me suele pasar que rara vez los singles me parecen la canción más destacable de un álbum. Y en esta ocasión me sucede lo mismo. Incluso la colaboración con Raphael me parece poco afortunada por la difícil mezcla de voces. Pero como todo en este disco, está hecho por y para Vega. Es ella. Eso es lo que me gusta de la actitud de este mujer.Y no tengo argumentos para criticarlo aparte de mi propio y subjetivo gusto.
PD2: llevo varias semanas sabiendo que Vega presentará «Wolverines» en Madrid el 25 de octubre. Casualmente estoy en Madrid ese día. Y pienso: pues me paso y disfruto del directo que otras dos veces me ha convencido por lo rotundo y lo honesto. Y hoy, que escribo estas letras (24 de octubre), descubro que han colgado el cartel de NO HAY BILLETES… Pues me alegro. Que una artista no apoyada por los imperios radiofónicos ni  de grabación logre hacer el disco que quiere de pe a pa, colocarse en los primeros puestos de las listas de venta físicas y digitales y llene sus conciertos demuestra que aún hay esperanza en este mundillo de la farándula.
Doctor Brown

Doctor Brown

Iba para inventor en los 50. Me quedé en el intento de escribir algo interesante. Vive y no dejes morir... de aburrimiento.

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