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Oro hueco: Y Robinson se acercó al balonmano

Por 27 de noviembre de 2013 agosto 3rd, 2020

Lo que explico a continuación viene a consecuencia del visionado del excelente programa «Informe Robinson» sobre el estado del balonmano. Que conste que creo que falta la inclusión de la despreciada parcela femenina, aunque soy consciente de la dificultad de sintetizar tanto en veintipocos minutos. Recomiendo echarle un vistazo antes o después de la lectura de este pequeño artículo de opinión:
Porque somos un país cainita. De erigir ídolos y derribarlos a pedradas, Nos encanta, Aunque luego reneguemos de tan deplorable acto. Es nuestro carácter y está en nuestro ADN: al que destaca, elogio. Pero si destaca mucho, palo.

Además tenemos memoria de pez para los logros. O quizá somos como la gente del «1984» de Orwell: nos comemos lo que nos den (aunque en este caso no sea obligados). En el aspecto deportivo está claro que «comemos» fútbol. Mi novia lo odia pero sabe quiénes son Messi, Cristiano o Xabi Alonso (aunque este último más por Emidio Tucci que por sus virtudes balompédicas). Pero si le hablo de Mateo Garralda, J. J. Hombrados… silencio. Y no digo de Talant Dujshebaev… Tala… ¿qué? 

Que me perdonen los de otras disciplinas, quizá menos practicadas, pero voy a personalizar en el balonmano porque es el ámbito que más conozco y del que puedo hablar con cierta experiencia.

El balonmano hace no mucho era el tercer deporte de este santo país. En la era pre-Gasol hubo un «primer» Iñaki Urdangarín que jugaba de lateral zurdo y se ligó a la hija del Rey (en aquel entonces sólo se le conocían «cualidades» atléticas). Durante los años de sequía futbolística y los «angolazos» en basket España se batía el cobre con los mejores en cualquier campeonato internacional de balonmano. Fuimos campeones del mundo en 2005. Por ahora un CV chulo, ¿no?

Pues de poco sirvió. O no se supo sacar partido publicitario de él. Ahora el balonmano deambula a un paso del amateurismo, de ser un deporte exclusivo de cantera y afición. Algunos dirían que se muere. Yo digo que se está reseteando tras un «error crítico». Pero necesita «alimento» para regenerarse.

Me explico: el balonmano ha vivido una época de bombo y boato basada en la subvención y la empresa privada (mayoritariamente constructora). Se han paseado por los pabellones de España jugadores de todo país posible e incluso, ante cualquier baja, se recurría a un bielorruso, balcánico o escandinavo. Porque lo exótico vende y hace que las consabidas chiribitas bailen en nuestros ojos. No hace mucho el Bm Valladolid vendió a un cubano de brazo hercúleo y apellido Fis por más de 100.000 €, a un tal Muratovic por 700.000 y a una parte del escudo llamada Chema Rodríguez por otro tanto. Al poco nos encontramos con que, ese club tiene una deuda mayor del millón de euros (si leen esto los gestores del fútbol fijo que se descoyuntan de la risa con estas cantidades). ¿Cómo es posible? ¿Quién permite semejante desfase en un deporte no masivo?

Como Dice Isma Juarez en Informe Robinson, «aquí no pasa nada, nada».

Tenemos lo que hemos querido tener y nos han permitido. EN el 80% de los deportes y los equipos. Pero ya que estamos con éste en particular, seguimos. Piensen en su sueldo. Vamos a poner unos mil quini, por fijar una cifra. Ustedes tienen una hipoteca, unos gastos fijos al mes (gas, luz, agua, comunidad…). Ningún lujo. Comida y poco más. Ahora imaginen en una deuda de seis meses. De noviembre a abril por ejemplo, ambos incluidos. Seis meses en los que los recibos del banco, el súper o la gasolina los pagan tus padres (en los casos más privilegiados). ¿Cómo puede ser? Porque nos gusta ver a los mejores. Y nos dejamos embelesar por nombres. Nos aficionamos a ver balonmano en los campos de cemento al aire libre a las nueve de la mañana. Pero el día en que nos lo pusieron en butaca y ancha cubierta con calefacción… ¡ay! Y si encima pasamos de ver gente de casa, de la ciudad, de la calle de al lado a un bigardo uzbeko de 2’05m… ¡Ay!

Pero, un momento. No todo son esos tochos, al menos en balonmano. En aquellas pistas de cemento había jugadores que destacaban mucho. Y eran de casa. Y nos identificábamos con ellos. ¿Por qué perdimos esa generación para traer «futuros prometedores» de tan lejos? ¿No supimos formarlos aquí? ¿No quisimos? ¿O no tuvimos medios?

Dicen que en los momentos de «vacas flacas» se agudiza el ingenio. Pude que sea el momento (LO ES) de volver a la raíz, a fomentar el balonmano en los colegios, en la cantera, en los que trabajan simplemente por la ilusión de la victoria del sábado en ese helador y descascarillado campo de cemento. Esa cantera que, al principio, jugará por la virtud del deporte en sí, luego por tener ciertos beneficios en los estudios y, en el futuro ¿quién sabe?, poder ser profesionales. Y eso no tiene que ser necesariamente bajar el nivel. Ni mucho menos. Hace veinte años el que suscribe jugaba en el mismo equipo que cinco jugadores que después fueron campeones del mundo y medallas en los Europeos u Olimpiadas (aparte de conquistas por clubes). ¿Les parece eso paja? Y todos de casa. Ademar de León tiene más de diez paisanos entrenando en el Palacio. Granollers se nutre de los equipos catalanes de base. Y funciona. Funciona.

«Alimenten» el deporte de base, señores gobernantes. Les saldrá más barato que sufragar las futuras deudas de equipos con perecederas ínfulas de grandeza. Menos recortes en las categorías de formación porque son de lo que se nutrirá la élite en breve. En natación, en baloncesto, en voley… En balonmano. ¿una ley básica de economía? Si tengo un huerto, como de lo mío. Si no lo tengo: a comprar fuera. 

Ahí se lo dejo, Denle una vuelta.
Doctor Brown

Doctor Brown

Iba para inventor en los 50. Me quedé en el intento de escribir algo interesante. Vive y no dejes morir... de aburrimiento.

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