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Valladolid Latino 2012

Por 10 de julio de 2012 agosto 6th, 2020
Preparen sus hachas de filo plateado. Sí, en efecto. Voy a hablar del sarao antes conocido como «Festival Valladolid Latino» y últimamente como «Verbena de las Fiestas del Colegio» (empiezo fuerte, ¿eh?).

En primer lugar dejaré caer que un semi anciano como yo degusta con mayor placer un concierto de jazz que un despliegue de decibelios ensordecedor. Pero en el medio dicen que está la virtud y de cuando en cuando me mezclo entre la chavalería con ansia de entender y asimilar las nuevas tendencias musicales y encontrar, ya no grupos o discos, sino canciones que llamen mi atención. Con el penoso panorama musical patrio que nos ocupa (sólo hay que escuchar cualquier radio nacional dedicada a la fórmula) esto ocurre muy esporádicamente… y no, el festival del que hablo no fue una de esas excepciones.

Empezaré diciendo que mi viejo automóvil me hizo perderme el inicio del show con los locales Ele de Eme. Aterricé en el Patio de la Feria de Muestras de Valladolid en su última canción y, aunque debo decir que el sonido y empaque era de lo más decente, no tengo elementos de juicio, ni buenos ni malos, para establecer una opinión concreta de lo que hacen o a qué suenan.

Y un inciso: un espectáculo que durante años se celebró en el Estadio de Fútbol de la ciudad dando cabida a veinte mil espectadores ha pasado a una explanada de cemento y recogiendo a… ¿apenas dos mil? ¿Cuántos de éstos pagaron su entrada? Quizá encontréis la respuesta a esto más abajo, entre los canapés… Pero señores gobernantes: si quieren prestigiar un acto, háganlo con los mejores partenaires posibles. Y si no llega el presupuesto, quizá haya que plantearse dejar el asunto un añito en barbecho y volver con fuerza al siguiente. Si quieren ser bandera del pop en castellano (o eso rezan sus intenciones) los objetivos son gente del pelo de Shakira o Maná. Si apuntamos a un 10, podremos sacar un 7. Pero si lo hacemos a un 6’5 con la excusa de: «el mundo está como está…» difícilmente alcanzaremos el 4.

Bien. Volvamos por unas líneas a la música pura y dura. Georgina. Reconozco que la chica me cae bien. Set de empaque y simpatía a pleno sol. Batería, bajo, teclado y ella con la guitarra. Cumpliendo en los temas más lentos y divertida en los más movidos. Sin más. Mostró ciertas dificultades de afinación en los comienzos de los temas (la historia de siempre: ¿se debe a ella o a que el encargado de monitores está pendiente de que cuando lleguen los «gordos» todo esté ok?). 
Tercer asalto: Franco De Vita. Al parecer este señor es una suerte de Alejandro Sanz en América Latina (es venezolano) pero en mayor. Lo intentó, le puso… ¿empuje?…Ganas… Con una banda muy solvente. Pero amigos, allí sólo se movían los acólitos del ínclito Franco (del general no… no se equivoquen…) y no eran más de 15 o 20. Tiró de efecto sacando a cantar a dos «triunfitos» de ese reciente refrito llamado El Nº1… y ya. Aburrido. Treméndamente aburrido. Si lo sería que las autoridades locales e invitados no le hicieron ni puñetero caso (mis influencias llegan a saber de buena tinta lo que se cocía en la zona de las personas importantes… y lo que se coci…naba era jamoncito, queso y copas por doquier….Y si comparamos eso con la presencia del señor De Vita….).

Cuarta parte: Luis Fonsi. Como dice alguien con talento que conozco «en música lo único que está mal es lo que está desafinado o no va a tempo. Lo demás es cuestión de gustos«. Y el señor Fonsi no desafina ni adrede; es más, canta INCREIBLEMENTE bien. Y su banda no es que vaya a tempo: es que son un cañón con la mecha encendida. Si quieren hablamos de los bailarines que llevaba y ese matiz «horterita». Pero musicalmente el gachó es un prodigio y el producto se vende solo. A partir de aquí los «intelectuales de nuevo cuño» dirán que si la temática de las canciones y tal y cual. Pero cuando una canción de amor se entiende y se siente de cabo a rabo a un servidor le da igual que sea de The Platters, Luis Miguel o Jimi Hendrix. Chapó para él.
Dicen que no hay quinto malo… Y le llegó el turno a Ana Torroja. Siempre se ha presentado a esta mujer como el ángel terrenal que ponía paz entre Caín y Abel. Pero ya saben cómo acabó esa historia: igual que la de los hermanos Cano. La ex jurado de programa televisivo apareció tan de imprevisto en el escenario que pilló despistado hasta al técnico y salió sólo con el sonido en monitores (para los que no lo entiendan, sólo sonaba en el propio escenario). Tuvo que parar, sonreír con las tablas que le han dado los años, saludar y comenzar de nuevo. Con un lúcido trío sosteniéndola musicalmente de batería, bajo y guitarra y una colección interminable de bases e instrumentos secuenciados, la vocalista de Mecano basó su repertorio en los éxitos del súper grupo. Esta chica (señora, más bien) deja con sus canciones propias la sensación de que, de no haber sido la cantante de tantos míticos temas, nadie hubiese radiado tracks como «A contratiempo». Eso de «La soledaaaaaad es una estación…» nunca lo llegué a pillar. A pesar de todo fue el momento en el que el público (y el politiqueo) despertó y cantó a pulmón… cosa que fue recibida de buen grado por la buena de Ana, que si dura media hora más el concierto hubiesen tenido que sacarla con una bombona de oxígeno. Completamente desfondada y sin llegar (ni de lejos) a las notas adecuadas. Pero Mecano es mucho Mecano.

Macaco. Mmmmmm… Quisiera poder hacer una crítica constructiva y me resulta complicado. Mucho movimiento, mucha dinámica, mucho rollo hippie… Pero debajo queda una sensación de vacío, de ausencia de «miga»… En Macaco todo me suena a un envoltorio de caramelo increíblemente vistoso y seductor. Al quitarlo, lo que queda no es tan maravilloso como pensabas. Puede que las horas no fueran las adecuadas para un viandante de una senectud como la mía. Pero todo lo que sucede en las canciones de este señor a partir del minuto de duración no me interesa en absoluto. Se desinflan totalmente. Pueden odiarme si quieren, pero muchos saben que, debajo de la purpurina (o, más bien, de la ausencia de ella) es lo que hay.

Los innombrables. Prepárense. Les voy a decir la verdad de lo que pienso. Si estos dos chavales hubieran salido los segundos y hubiesen «cantado» dos canciones hasta hubieran resultado divertidos. Pero salir a resolver en la madrugada es mucho caldo para tan poca gallina. Y este par no merece una sola palabra más por mi parte (bueno sí, supongo que sabrán que estaba hablando de Cali & el Dandee).

Al DJ lo siento pero no llegué porque a mí me apasiona la música en directo. Para escuchar discos puedo ir a cualquier bar que se precie y sepan dar al play cuando acaba la anterior canción. Y sí, digo ésto porque no me gustan esos sonidos igual que los que estén en desacuerdo repudiarán un disco en vinilo de Charlie Parker… es más, a lo mejor no saben ni lo que es un vinilo…

Aaaaaay juventud…
Doctor Brown

Doctor Brown

Iba para inventor en los 50. Me quedé en el intento de escribir algo interesante. Vive y no dejes morir... de aburrimiento.

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