Yo no digo te quiero. Al menos, no muy a menudo. Será que soy muy de Valladolid, como dicen por ahí. Recio, hosco. Árido. Lo cierto es que soy más de demostrarlo. En eso me desvivo, o eso creo. Pregúntenle a mi dueña, que es la que me aguanta los desaires y sigue a mi lado, bendita ella.

El tema, confieso, es que demostrarlo me cuesta muy poco (y se me nota), pero decirlo se ha convertido en algo tan barato y habitual en esta sociedad que me sale en ocasiones, nada más. Seguro que me deja en mal lugar lo de hacer lo que me nace fácil, pero chico, así llevo muchos años. Y que me salga a ratos decirlo no es sinónimo de no querer. Ni parecido. Todo lo contrario.

Detesto el hecho (que no a la gente) de despedirse sin cesar, como costumbre, diciendo te quiero. Primero: entiendo que supone esperar la misma respuesta. Segundo: ¿todos los días? ¿En serio? ¿Se os olvida o qué? Es que hay parejas, lo juro, que se separan estando tomando una caña con nosotros porque él tiene que ir al gimnasio, y camino del coche llama a su novia/mujer porque necesita que le compre, qué sé yo, muesli (o avena, o alguna mierda parecida). Y ella le dice que vale, y antes de colgar le canturrea: te quieroooo. Y cuelga. Y menos mal que sigue de conversación con mi dilecta esposa, porque siempre se me cruza esa mueca de pensar y no decir: vamos, no me jodas.

Yo, a mi mujer que soporta estoicamente mi mal carácter ocasional (habitual), solo tengo que ponerle cierta cara. Me enfado y me hace reír, y me da vergüenza que lo vea. Para mí no hay mayor prueba de amor que esa. Diez minutos después no recuerdo por qué habíamos discutido (por llegar tarde a algún sitio, seguro). Me encanta sorprenderla con regalos, con experiencias, con restaurantes… Me tiene tomada la medida, y cada vez la sorpresa es menor. Tendré que mejorar.

¿Sabéis lo que pasa? Que crecí viendo pelis de tipos duros que decían “muñeca” y esas cosas. O “nena” (hoy en día la palabreja sería censurada en todo lo que no pertenezca al Director’s cut, se pediría su erradicación desaforadamente en Twitter o plataformas similares de mentes preclaras y el actor habría sido obligado a pedir perdón por pronunciar semejante zafiedad, además de donar una cantidad considerable a un colectivo vulnerable de Kirguistán). “Nena” era de nivel profesional. Ahora que lo pienso fríamente (durante minuto y medio, no más), debe ser por eso. Aquellos “galanes” con aspecto de no haberse duchado en tres días no necesitaban decir te quiero, lo demostraban. Puede que algo se me pegase.

Aparte, si me pongo a recordar, en vez de Cobra, El último boy scout o Calles de fuego, resulta que he llevado a novias a ver Pretty woman, Ghost, Planes de boda… Ir a esta última, y soportarla hasta el final, es de querer, pero con intensidad. A mi mujer, qué paciencia tiene, la primera peli que le llevé a ver fue The amazing Spider-man II, el poder de Electro. Con dos cojones. Ni protestó la pobre. Creo que ese día me di cuenta de que el tema iba para delante.

Querer lo relaciono con dar. Con darse. Y yo no concibo no dar lo que fuera por ella. Si nos ponemos cinematográficos diría aquello de “recibiría una bala por ti”, mientras fumo entre las sombras llevando un sombrero. Lo juro. Al menos la pondría detrás de mí en un asalto similar al de los padres de Bruce Wayne. Así que debe ser que la quiero mucho, aunque lo diga poco.

El día de nuestra boda le dije “te quiero”, por supuesto. Y alto, que de tono de voz no me quejo. El cura nos dio la enhorabuena al acabar. A lo mejor alguien le dijo: verás como este sieso no lo dice. Quizá se jugaron unos euros y ganó él, y por eso me sonreía tanto. Era indio. En serio, ¿eh? Lo de ser indio, digo.

Pues nada. Reflexiones que tiene uno a dos de septiembre de este año infernal que nos ha tocado vivir. Entre ratios, contagios, calles pintadas, políticos a la gresca y demás zarandajas, a uno le salen las cosas cuando le salen. Y, mira, hoy, me ha salido: te quiero. Ya sabes tú por quién va.

Doctor Brown

Doctor Brown

Iba para inventor en los 50. Me quedé en el intento de escribir algo interesante. Vive y no dejes morir... de aburrimiento.

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