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1800 páginas de insomnio: César Pérez Gellida

Por 2 de abril de 2014 agosto 3rd, 2020

César Pérez Gellida es el autor español del momento en lo que a novela negra se refiere. «Memento mori«, «Dies irae» y «Consummatum est» (Ed. Suma de Letras) han elevado el conocimiento de su nombre y su obra hasta cotas difíciles de haber imaginado en su etapa profesional anterior, completamente desvinculada de su actual faceta literaria. Si no te resultan familiares apellidos como Ledesma, Sancho o Lopategui es que estás fuera de onda. César Pérez Gellida nació, creció y se cultivó en lo más arraigado de la lengua castellana, Valladolid. Degustó, aparte de los caldos propios de la tierra, el deporte desde dentro en un par de ámbitos con especial arraigo en la ciudad: balonmano y rugby. César Pérez Gellida y el que escribe estas líneas no son amigos. Son personas que han coincidido en el tiempo, en varios espacios, en año de nacimiento, en generación, incluso en la relación con algunas personas. Pero los azares de la vida, eso que algunos dan en llamar el destino, han querido que no sean amigos. Lo dicho no quita que, este que habla, sienta una profunda admiración por un personaje de cuidado que se ha ido fabricando a sí mismo, que lo ha ido puliendo hasta llegar a la versión de sí mismo con la que nos encontramos.
Echando la vista atrás, ¿consideras que, como escritor, ésta actual es la mejor versión de César Pérez Gellida? ¿O es lo que las circunstancias de la vida le han llevado a ser? 
Seguro que no, o eso quiero pensar. En estos tres años que llevo escribiendo como única dedicación profesional he notado una evolución muy positiva, lo cual, hasta cierto punto, era de esperar, porque he partido de cero.
Yo trato de decidir el camino a seguir, eso de dejarse llevar por las circunstancias de la vida lo aborrezco aunque en ocasiones no lo consiga.
Con sinceridad: ¿cuándo empiezas a plantearte tus relatos con la suficiente seriedad como para creer que pueden ser tomados en consideración por un público mayoritario?
Cuando el número suficiente de personas me convencieron de que les entretenía lo que, por aquel entonces, estaba escribiendo. De todos modos, el motivo por el que me tomo muy en serio mi profesión es porque me divierte tanto que no quiero dejar de hacerlo.
¿Crees qué tocar temas muy cercanos a la gente y concretos, como el deporte local, hacen que el lector se vincule a la historia? ¿O por el contrario puede hacer que aquellos que no los sientan tan próximos se desinteresen?
Cuando uno genera un escenario en el que el lector reconoce los decorados es más sencillo que este empatice con los personajes y le enganche la trama. Sin embargo, hay otros muchos elementos que hacen que, para el lector ajeno, no sean elementos excluyentes.
«Memento Mori» (por sí algún despistado aún no lo ha leído) se enmarca en una ciudad tan, a priori, poco fílmica como Valladolid, que se convierte en el escenario de una persecución e investigación in crescendo, tan espídica como estructurada. ¿Cuál de estos dos adjetivos definiría más la construcción de la historia?
Estructurada no es, porque en mi proceso de creación literaria no trabajo con un guión preestablecido. Escribo donde lo dejé la vez anterior y si tengo muy claro por dónde ha de transcurrir el argumento, lo descarto. No me pidas que defina mi obra porque no sabría hacerlo.
Uno de los escenarios por los que deambula el principal protagonista, Augusto Ledesma, es un conocido bar de Valladolid, el Zero Café, con un estilo musical muy concreto. ¿Eres consciente de la publicidad directa que le estás haciendo? ¿O es una manera de ensalzar el riesgo de apostar por una variedad musical poco «mayoritaria» para la noche?
 Sí, soy consciente. En mi otra vida me dedicaba al mundo comercial y al marketing, por tanto, creo que sé valorarlo en su justa medida. Dicho esto, si con ello contribuyo a que el Zero Café se mantenga vivo, las casi 1800 páginas de la trilogía ya tendrían sentido.
«Versos, canciones y trocitos de carne«. Una trilogía que está dando mucho que hablar, leer y trasnochar para seguir leyendo. Adictiva. ¿Crees que el hecho de haber tres libros puede retrotraer a algún posible lector? ¿Qué le dirías a aquel que recele de tener que leerse tres libros para conocer el final absoluto de la historia?
 Sin duda, son muchos motivos, pero ninguno lo suficientemente convincente como para que yo me planteara en algún momento no hacerlo. Si hubiera tenido más que contar hubiera hecho una pentalogía o heptalogía…
A esos lectores les diría que no lo leyeran. Para mí la lectura es puro entretenimiento, si coger un libro va a suponer un suspiro, mejor no pasar de la primera página y abrirse una cerveza.
Tres libros publicados en apenas año y medio. ¿Tenías ya el grueso del argumento pensado e investigado o escribes a esa velocidad?
Se han publicado en ese plazo que mencionas, pero yo he tardado treinta meses en escribirlo. Hay autores más rápidos y otros más lentos, no sabría decirte si es una cualidad o un defecto.
Parece ser que existe un propósito para hacer una serie o película con los libros. Un proyecto en inglés y con reparto internacional. ¿Qué tipo de control creativo te gustaría tener sobre el resultado (conociendo las limitaciones propias de un proyecto de esta envergadura)?
Consejo solo en el caso en el que, los que compren los derechos quieran contar conmigo. De momento no hay nada cerrado, solo sé la idea que tiene Michael Robinson, que es el propietario de los derechos audiovisuales y, como dices, quiere que sea un proyecto televisivo ambicioso.
¿Alguna predilección para los tres personajes principales? 
Solo por Carapocha, me encantaría que lo interpretara Steve Buscemi.
La música, aún relacionada con personajes en concreto, es una elemento imprescindible a lo largo de tus obras. Se supone que ese conocimiento de grupos o artistas en concreto se debe al gusto del autor. ¿Qué artistas serían Augusto, Ramiro y Carapocha respectivamente?
 Los gustos musicales de Augusto Ledesma coinciden en gran medida con los míos y sí, como apuntas es un elemento imprescindible para entender el comportamiento de la mente de un sociópata narcisista como él, porque, aunque no sean capaces de empatizar, sí lo son de generar emociones y los vehículos que utilizo para expresarlas son la música y los poemas.
Augusto sería Enrique Búnbury o Nacho Vegas. Ramiro Sancho sería AC/DC y Carapocha sería Sergei Rachmaninoff.
Finalmente, ahora que la trilogía ha acabado y te despojas de tramas que llevan contigo bastante tiempo, ¿qué te planteas? ¿Seguir con la novela negra o tocar otros palos?
 Trabajo en otro lío del que no sé muy bien como saldré, por eso estoy tan entusiasmado con ello.
Puede que esa sea la cualidad final de César: el entusiasmo. Por lo que hace, por lo que escribe, por lo que lee, por lo que tuitea. No creo que sea una máscara que lleve puesta de cara afuera. Es un hombre apasionado en su quehacer y su vida personal y profesional. Últimamente desata su verbo en el histórico diario vallisoletano «El Norte de Castilla» con su espacio: «La cantina del calvo«. Es fácil toparse con César a través de sus escritos. Y como diría algún personaje: si le buscan, le van a encontrar. 
Doctor Brown

Doctor Brown

Iba para inventor en los 50. Me quedé en el intento de escribir algo interesante. Vive y no dejes morir... de aburrimiento.

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