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Cómo (NO) adaptar una canción (Frozen)

Por 7 de abril de 2014 agosto 6th, 2020
Que conste que no tengo una varita mágica ni la regla infalible. Simplemente voy a intentar explicar lo que, bajo mi criterio, no se debe hacer al adaptar o escribir la letra de una canción. No por gusto, sino por sentido común. Algunos se preguntarán quién es este mequetrefe que se atreve a valorar el trabajo de los demás sin evaluar el suyo. Simplemente soy otro habitante del universo virtual que un día tuvo una banda de música. En esa banda se encargó de escribir las letras de las canciones. Y en ocasiones, al principio, no lo hizo bien. O mejor dicho, no lo hizo correctamente.
Voy a intentar explicarme para que el rollo no se alargue: escribir la letra de una canción trata simplemente de exponer algo de manera entendible y correcta. Una vez un productor me dijo, con buen tino, que «no hay música mala. Lo único que está mal es lo que está desafinado o fuera de ritmo. El resto es cuestión de gustos». En esto de las letras más o menos los tiros van por ahí. Si no tienes faltas de ortografía o errores gramaticales de bulto, todo cuela. Y a partir de ahí es cuestión de dónde ponga cada individuo su «listón de calidad». A algunos les bastará con un «Todo, todo… Yo quiero contigo todo» y otros pedirán a la melodía de turno todos los recovecos «sabinianos» posibles. 
El sentido de esta entrada del blog gira en torno a que, este pasado fin de semana, estuve viendo «Frozen» por cuestiones de logística (vamos, que hice de canguro de unos amigos durante unas horas). El último producto Disney tiene todos los aderezos propios de la fábrica de la ilusión: una historia perfectamente ambientada, unos personajes bien construidos y unas canciones (unas más que otras) aceptablemente encajadas en el conjunto. Si a esto le sumamos que el tema estrella («Let it go«, ganadora del Oscar 2014 a la mejor canción) está cantado en la versión original por Idina Menzel (a alguno os sonará de Glee y a otros como protagonista del musical «Wicked») la conclusión final tiene que ser buena. Peeeeeero… Nosotros tenemos, en versión doblada, la voz de Gisela (de OT, aunque forjada en multitud de musicales, la mayoría infantiles) y una adaptación de la letra al menos… curiosa. 
El «Let it go» original se ha traducido por un «Suéltalo» que entra en la categoría de «gustos». Podría haberse trabajado más como título «estrella», pero vale. El matiz viene después, que dirían Mecano. Hasta en nueve ocasiones (nueve) en doscientas palabras se repite el adverbio «ya«. Algunos vais a decir que soy un toca huevos que os ha hecho perder cinco minutos de vuestro valioso tiempo para esto. Pero si os digo que una producción de 150 millones dólares, con un lanzamiento musical muy concreto, tiene una letra en castellano hecha de rimas forzadas apoyadas en «ya»s constantes a lo mejor os pica la curiosidad. Ejemplos: «ni una huella queda ya«, «ya qué más da«, «no lo puedo ya retener«, «ya no hay nada que perder«, «ya se descubrió«, «ya no hay más reglas para mí«, «que el frío reine ya«, «el pasado ya pasó«… Una cosa es enfatizar el tiempo o la fuerza de la acción…. Y otra bastante distinta es apoyarte en una palabra corta para encajar las sílabas necesarias en el verso. Suena mal, queda mal y no es necesaria para que la letra tenga sentido o se entienda mejor. Suena a trabajo rápido, malo o poco aplicado.
Si no os parece suficiente motivo para creer que el autor (o los) de la letra le ha echado poco más de veinte minutos a escribirla os destaco otros ejemplos de lo que no debe hacerse (pleonasmo): «siempre me dijo a «… ¿A quién «me» lo voy a decir?… «A nunca me molestó«… Pues eso, que diciendo «siempre me dijo» y «nunca me molestó» el mensaje queda claro y es correcto. Pero hay que estrujarse la cabeza para logar la rima o métrica necesaria. Y así en un ratillo: clinc, clinc, caja. 
Es que esto es un churro de los gordos en un proyecto de calado mundial. O falta de criterio. O falta de interés… A lo mejor han pensado que como es para niños, todo vale. Pero recuerden, señores de Disney, que los que pagamos las entradas de cine o la compra de las películas una vez fuimos niños pero hemos crecido. Y queremos ilusionarnos con historias, canciones y demás… sin que nos chirríen chapuzas como esta.
PD: que conste que el que suscribe escribió una canción en su día que en una estrofa decía «mírame a mí». Mea culpa. No gané un duro con ella. Justicia poética. 
PD 2: por si no lo habéis escuchado (ahora es cuando decís que no es para tanto y tal y cual…)

Doctor Brown

Doctor Brown

Iba para inventor en los 50. Me quedé en el intento de escribir algo interesante. Vive y no dejes morir... de aburrimiento.

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