Veamos: una ración de patatas con alioli y una caña… Un par de batidos de fresa con nata y sus barquillos de rigor… Un copazo bien preparado en una terraza… Todas estas cosas cuestan alrededor de los siete euros que valdrá la entrada de Transformers 4 (o «Transformers: La era de la extinción»). Y todas ellas merecen la pena bastante más que el último engendro perpetrado por Michael Bay y sus colaboradores.
Seguro que si alguien lee esto lo primero que se le pasa por la mente es decir: ¿por qué vas a ver esas cosas? Punto uno: si por «esas cosas» te refieres a películas de robots como «Pacific Rim» o superhéroes como «Los Vengadores» o aventuras estilo «La búsqueda«… porque me encantan. Y las tres son un escándalo de diversión, entretenimiento y estilo. Punto dos: si por «esas cosas» te refieres a películas de Michael Bay te recordaré «La roca«, «Armageddon» o «La isla«, todas excepcionalmente rodadas y con un punto de humor que hace muy llevaderos sus (siempre) extensos metrajes. Pero la explicación real y sincera es que me invitaron al preestreno. Cuando vi en cine el primer Transformersme pareció que Bay había permitido que el efectismo se merendase a la trama y el humor. En aquel, John Turturro se erigía en estrella cómica de un argumento poco risible. En esta cuarta entrega ese «papel» corresponde a Stanley Tucci. Pero prefiero seguir un orden para explicar por qué, en mi opinión, esta película es una pérdida de tiempo, paciencia y criterio total:
    El guión: si queréis creerme os diré que hay partes del asunto que aún no he pillado o que aparecen y desaparecen sin rumbo ni sentido. Espero que al/los guionistas les hayan pagado con una caja de caramelos y una pizza a domicilio. No merecen más. No voy a dar detalles porque alguno tendrá curiosidad por verla. Lo siento por ti. Con el trailer deberías darte cuenta de la bazofia que vas a ver: Pum… Crash… Oh… Booooom… Así, esquemático.
    Los actores: estuve más de media peli preguntándome la cantidad inmunda de pasta que tienen que haber pagado a Mark Wahlberg por poner su nombre junto al título en los carteles. Indudablemente debe haber sido mucha. Aunque por otro lado, si cobrar un quintal aquí le permite trabajar con Scorsesepor cuatro duros… El bueno de Markhace de papi y pone su clásica cara de… Mark Wahlberg. A ver, seamos serios, ¿acaso tiene otra? Aunque sí lo comparamos con su hija y el novio de la misma parece recién salido del Actor’s Studio. Los pipiolos tiene pinta de haber dejado aparcado unos días un reality de la MTV para rodar sus escenas. Eso sí, la chica se pasa el tercio (e interminable) final de la peli con una camiseta blanca que acaba impoluta. Viva el rigor (y el raccord). El gracioso de la función es, como decía antes, Stanley Tucci. Más le vale volver a sus papeles de histrión, como el de «Los juegos del hambre» o «El diablo viste de Prada«, aunque visto el nivel general el bueno de Stanleyhace lo que puede con líneas de guión con tanta carga emocional como: «cuidado», «correeee», «están detrás», «nooooo» y otras obras literarias de gran calado. Entiendo que un film de estas características tiene acción sobre todo lo demás, pero os reto a ver la peli y escribir el guión de la última hora y media (sí, majetes, esto dura casi, casi tres). Dudo que os ocupe más de dos folios. ¡Ah! También sale Frasier… Sí, Kelsey Grammer, el mítico psiquiatra de la tele… Pues eso, ya he terminado de hablar de él. A la altura de su miserable paso por la saga X Men.
    El director: es imposible negar que Michael Bay es el espectáculo brutal por el espectáculo. Pero cuando voy al cine espero ver algo más que una sucesión de colisiones, explosiones, destrozos… Salgo de la sala y, si me preguntan de qué va la peli, diré que de romper cosas. De romperlo todo. Nadie rueda las cámaras lentas como él, ni los planos de cielos surcados por aviones mientras los protas miran desde tierra… Pero cuando el argumento entra en el «jaleo», se pierde la tensión necesaria para que, al menos yo, mantenga interés por lo que está sucediendo en pantalla. Flaco favor le está haciendo esta saga a su prestigio, aunque seguramente su cuenta corriente no piense igual.
Que conste que no trato de convenceros, sino de preveniros. Tuve la suerte de verla en 3D y chico, esta moda de las gafitas ya cansa. Sí encima te regalan unas de este pelo… Decidme que no merecen estar en cualquier vitrina de cosas kitsch de un friki:
Mención aparte para el «product placement» (para los no iniciados: es aquella manera de incluir publicidad en la trama de un modo más o menos ladino). En la última parte de la peli destrozarán facilmente cientos de edificios. Bien, pues en muchos de ellos hay un cartelón de grandes dimensiones promocionando diferentes marcas: Tom Ford, Victoria’s Secret, Armani jeans, Vogue… Y si no, serán los personajes ocasionales los que lucirán, con soltura, un paquete de Oreo sin tapar ni un ápice de la marca. A fuerza de ser sincero diré que muchas de estas cosas pasarían inadvertidas a la mayoría de los chicos. Pero si vas con una mujer inteligente al cine, como fue mi caso, destacará al momento la treta de los productores para sacar unas «perrillas» extra.
Si a todo lo contado os sumo que ya está anunciada Transformers 5 para 2016… Pues eso, que hay gente que querrá ir a ver a Optimus Prime y sus colegas haciendo exactamente lo mismo que las otras tres pelis de la saga. Aunque también hay gente que le gusta que le peguen, pillarse los dedos con la tapa del piano… Incluso hay gente que le gusta la carne cruda. ¿Quién soy yo para influir en mentes tan preclaras?

 

¡Viva la extinción de los Transformers! (…pero que se extingan ya)
Doctor Brown

Doctor Brown

Iba para inventor en los 50. Me quedé en el intento de escribir algo interesante. Vive y no dejes morir... de aburrimiento.

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