«Tienes dos opciones. Y ninguna es dejarse llevar. Ni suena bien ni tiene sentido. Hemos venido a este tablero a jugar hasta perder. Estamos condenados, más tarde o más temprano. Así que no caben más de diez minutos de lamentos, lloros o autocomplacencia.
Vamos a establecer un orden de prioridades. La primera va a ser buscar algo nuevo por lo que reír cada día. Nos pasamos la mitad de nuestra existencia preocupados por asuntos triviales que apenas tienen o ejercen ninguna incidencia sobre nuestro devenir. Y aun así, ya ves. Apenados por las esquinas. Me vale un chiste, o una situación dantesca o una coincidencia afortunada. Ahora todos saben lo que es la serendipia, pero nadie la «practica». Vamos a salir a buscarla.
La segunda va a tratar del equilibrio. En la vida no puede ser todo bueno o malo. En el punto medio está la virtud, comentan por ahí. Nos han recomendado un cambio total de dieta. Lo vamos a hacer, pero sin dramas: si un día precisas un capricho, lo tendrás. Siempre que hayas cumplido en los tiempos inmediatamente anteriores. Los premios son más imperiosos que las propias necesidades en épocas de zozobra.
La tercera va a ser un diario en el que te vas a obligar a escribir sólo los buenos momentos. Habrá días en que apenas puedas escribir una frase de cinco palabras. Espero que haya otros de mayor inspiración. La clave es que no dejes nunca de narrar. Porque no lo harás para los demás. Es sólo para ti, para que en los minutos oscuros encuentres luz. Para que en la mejoría recuerdes de dónde partiste. Para que asumas que el vaso estará medio lleno o medio vacío según tú lo quieras ver y que, como hemos dicho desde un principio, tocar fondo no cabe en esta conversación. Porque eso es el recurso de los mediocres, de los que necesitan hundirse en el fango para rebotar y crecer un poco. De lo que no se dan cuenta es de que, habitualmente, esa ciénaga tiene tanto lodo que suele atraparte. Te cubre con imposibles, con ruinas y desesperanza, con noes. La resistencia serena, la paz que supera, te mantiene como a un náufrago sobre una tabla: no está en una situación ventajosa pero aún tiene fichas que jugar en la ruleta.
Por último, vamos a hacer un vídeo. Uno con trozos de todas las películas que te enseñen algo útil en tu situación. Y lo vamos a hacer obviando los títulos de recurso: ni vamos a ver personas que superan sus discapacidades con tesón y ayuda, ni moribundos que milagrosamente «resucitan» encontrando el amor… Nada. Tú amor ya tienes y no vas a sanar siguiendo el ejemplo de un actor sentado en una silla de ruedas. Cada noche veremos un film al azar. Si nos gusta algo, lo editamos y a montaje. Cuando nos juntemos con un número de escenas respetable, convertimos y a tomar nota. Para curar el cuerpo nos confiamos a los médicos. De colocar la cabeza te encargas tú. Te puedo ayudar, pero no seré yo quien cierre o abra la puerta.
En definitiva y para terminar, ganarás o perderás. Superar las cosas no depende de hacer elecciones correctas, pero nace con ellas. Dicen que las decisiones se toman aceptando lo que dice la mitad más uno. En este caso esas papeletas te corresponde a ti. Supongo que preferirás ser de la mayoría que apuesta por luchar y arriesgar que de la minoría que espera a ser salvada por una concatenación astral. Pon medios, pon energía, aunque sea a gotas, y pon esperanza. Estamos juntos en esto, papá».
Phillip cerró la carta de su hija mientras los altavoces del aeropuerto anunciaban la llegada del vuelo UX193, procedente de Orlando, Florida. Se colocó la gorra que tapaba su incipiente calva, ajustó su bufanda y caminó hasta la zona de llegada de vuelos internacionales. Durante el breve trayecto, recordó los días pasados, recogiendo en su libreta los instantes de unión con sus amigos, los chistes con las enfermeras durante las sesiones en el Centro de Día y las frases que le habían llamado la atención de un par de pelis antiguas que había pedido prestadas en la biblioteca cercana a su casa. Además, había anotado los ingredientes de sus cinco comidas diarias, incluyendo el capricho excepcional. Quería mostrarle a Manuela sus pequeños avances y compromisos. Portaba su libreta con orgullo y ansiaba que su melena rubia, esa que cientos de veces cepilló durante su niñez, asomase por la puerta divisoria y leyera lo que unas palabras habían logrado. Al fin y al cabo, todo era cuestión de opciones. E, independientemente del resultado, Phillip había tomado las suyas. 
                                      (relato participante en el concurso de historias de superación,
organizado por ZENDA y patrocinado por IBERDROLA)
Doctor Brown

Doctor Brown

Iba para inventor en los 50. Me quedé en el intento de escribir algo interesante. Vive y no dejes morir... de aburrimiento.

Deja un comentario